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    <title>Momentito que la están peinando</title>
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    <updated>2008-08-18T18:01:41Z</updated>
    <subtitle>Gracioso como la vida misma</subtitle>
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    <title>Si vas a fingir, mentime</title>
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    <published>2008-08-16T14:20:02Z</published>
    <updated>2008-08-18T18:01:41Z</updated>
    
    <summary>La gente que finge la risa es peor que la que finge el orgasmo. O mejor: es la misma. Es que no pueden parar. Fingir es más adictivo que el desayuno en la cama, exige menos cuidado y no requiere el coraje que se precisa para mentir.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>La gente que finge la risa es peor que la que finge el orgasmo. O mejor: es la misma. Es que no pueden parar. Fingir es más adictivo que el desayuno en la cama, exige menos cuidado y no requiere el coraje que se precisa para mentir.<br />
</p>]]>
        <![CDATA[<p>Mentir es robarse un libro. Fingir es pedirlo prestado cuando sabés que no lo vas a devolver. El que miente le pone huevos a la cosa, igual que el que entra a robar un banco. No se puede compararlo con el que finge que pagó la factura a la hora en que le vienen a cortar la luz.</p>

<p>Se miente en grande y se finge en chiquito, casi bordeando la poquedad. El que finge no quiere mirarse al espejo y verse como un mentiroso. Pero no le molestaría que lo vean como un chorro sentimental. Y nada más lejos que eso. El que finge es un plomero que te mira a la cara para saber “cuánto te puedo cobrar por esta macanita”.</p>

<div class="recorte">El que finge pretende que no miente; hace como que le da culpa. Pero tampoco. Le faltan pantalones largos pero no le sobra imaginación: el que miente llega al trabajo tarde porque lo agarró un triple choque; al que finge el nene se le enfermó.</div>

<p>¿Por qué alguien prefiere fingir un vuelto de la panadería cuando puede pasar a la historia mintiendo un millón de dólares? No tanto por cobardía como por desinterés.</p>

<p>Es más fácil fingir un pancho que mentir una pavita adobada, se tramita más rápido y se mastica igual. Pero te lima el alma, te la deteriora. Te la deja a medio afeitar.</p>

<p>El mentiroso es un coso que sabe que arriesga, que está viajando con una valija non sancta y que si lo paran en la aduana se va a cansar de perder. </p>

<p>En cambio el que finge es más desapegado que un post-it. No le calienta que te des cuenta porque tampoco se va a tomar el tiempo para corregir. Por eso va a lo mínimo, cosa de errarle por poco. Nada de <i>“estábamos cerrando el balance y nos cayó una inspección de impositiva con canas y todo. Nos quitaron los celulares y por eso no te pude avisar”.</i> No. Un fingidor se conforma con un <i>“qué querés, el jefe me retuvo”</i>.</p>

<p>Y ante una cosa de esas no dan ganas ni de preguntarle ni de mirarlo fijo. Uno sabe que el otro sabe y los dos la dejan pasar: en eso, al fin y al cabo, radica la miseria de fingir.</p>

<p>Nadie quiere que lo encaren con la verdad, eso es sabido por todos. Pero una cosa es decolar desde una mentira como la gente, una historia que valga la pena y nos haga aunque sea soñar con la grandeza, y otra muy otra la conformidad que nos lleva a fingir.</p>

<div class="recorte">Fingir es decirle a la vida <i>“hasta acá hemos llegado”</i>, <i>“por favor no me pidas más”</i>. Por eso fingir es masivo y lo entendemos rápido. Es como sacar un delantero y poner un marcador.</div>

<p>Una sólida mentira bien puesta se gana su lugar en la mesa. Te toca el culo, te levanta de la silla y en el peor de los casos convoca la furia, nos viste de inmediato con ganas de matar.</p>

<p>En cambio cuando nos fingen en la cara, así cortito y con poco argumento, recuperamos la tranquilidad de lo viejo y conocido: la vida nos reafirma que no merecemos más; ni siquiera que nos mientan con un poco de onda. No lo pedimos a gritos pero lo aceptamos con gracia. Nos fingen lo que sea y nos sentimos acunados por el dulce canto de la resignación.</p>

<p>Es hora de cortarla y decir que no. Si vas fingir, mentime. No me finjas el orgasmo: tené los ovarios de mentirme el amor. Inmolate a lo bonzo en una mentira que valga la pena, ¡corré el riesgo de que te salga mal!</p>

<p>Basta de achicar el mundo, señores, fingiendo cosas que no valen la pena. Los mentirosos con ganas tienen al final del túnel una chance aunque sea por la osadía. A los que fingen, por mediocres, les están cerradas para siempre las puertas de la verdad.</p>]]>
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    <title>Áreas de cobertura</title>
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    <published>2008-08-15T20:06:09Z</published>
    <updated>2008-08-15T20:49:16Z</updated>
    
    <summary>Ella: Che, una pregunta. 

Yo: Dale.

Ella: Vos y yo chateamos todos los dias, o casi todos los dias.
 
Yo: Sí

Ella: Y también tenés mi celular
  
Yo: Sí

Ella: Ponele que yo desapareciera
 
Yo: ¿Cómo que desaparecieras?</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p><b>Ella</b>: Che, una pregunta. </p>

<p><b>Yo</b>: Dale.</p>

<p><b>Ella</b>: Vos y yo chateamos todos los dias, o casi todos los dias.<br />
 <br />
<b>Yo</b>: Sí<br />
 <br />
<b>Ella</b>: Y también tenés mi celular<br />
  <br />
<b>Yo</b>: Sí</p>

<p><b>Ella</b>: Ponele que yo desapareciera<br />
 <br />
<b>Yo</b>: ¿Cómo que desaparecieras?</p>]]>
        <![CDATA[<p><b>Ella</b>: O sea, si no me vieras en facebook, twitter, etc.<br />
 <br />
<b>Ella</b>: Sin updates. ni conectada. ¿Cuanto tiempo tardarías en mandarme un sms preguntándome si sigo viva?</p>

<p><b>Yo</b>: ¿Si seguís viva?</p>

<div class="recorte"><b>Ella</b>: Sí. hoy pensaba en eso. Uno puede desaparecer virtualmente, pero sigue vivo en el mundo de afuera, y si te pasó algo en realidad no tenés muchas formas de enterarte.</div>
  
<b>Ella</b>: ¿Me explico?

<p><b>Yo</b>: Mmm sí.</p>

<p><b>Ella</b>: O sea: ¿después de cuanto te parecería raro no tener noticias mías (o de alguien)?</p>

<p><b>Yo</b>: mmm</p>

<p><b>Yo</b>: Cinco días si desaparecés un lunes, tres si desaparecés un viernes.<br />
 <br />
<b>Ella</b>: ¿Y si desapareces un jueves? ¿Hasta el lunes? </p>

<p><b>Yo</b>: claro. El jueves es casi fin de semana. Te fuiste de finde, pero el lunes vas a aparecer.<br />
 <br />
<b>Ella</b>: Claro.</p>

<p><b>Yo</b>: Es el “rango del fin de semana”.</p>

<p><b>Ella</b>: Sí, sí. Se entiende.<br />
 <br />
<b>Yo</b>: Si desaparecés un lunes, no sé por qué, pero me parece que pregunto un viernes.<br />
 <br />
<b>Ella</b>: Ahá.</p>

<p><b>Yo</b>: Estás atacada de trabajo, estás haciendo un curso, te sacaron internet de tu terminal. </p>

<p><b>Yo</b>: Lo llamemos “el rango de la semana laboral”.</p>

<p><b>Ella</b>: “Rango de la semana laboral” Copiado.</p>

<p><b>Yo</b>: El problema es si desaparecés un martes o un miércoles.<br />
  <br />
<b>Ella</b>: Por qué</p>

<div class="recorte"><b>Yo</b>:  Si desaparecés un martes me parece que pregunto el viernes. Está cerca del lunes. 

<p><b>Yo</b>: En cambio si desaparecés un miércoles, no sé por qué pienso que me arriesgaría un domingo.</div><br />
<b>Ella</b>: Jajaja Sí, yo también.<br />
  <br />
<b>Ella</b>: Entonces jueves es lunes<br />
 <br />
<b>Yo</b>: Sí. Martes es viernes, Miércoles es domingo.</p>

<p><b>Ella</b>: ¿Y por qué miércoles es domingo?</p>

<p><b>Yo</b>: Para crear la excepción a la regla de los rangos.</p>

<p><b>Ella</b>: ¿Recién definimos los rangos y ya tenemos la excepción?.</p>

<p><b>Yo</b>: Y, joder a alguien un fin de semana es una situación que requiere una excepción.</p>

<p><b>Ella</b>: Jajaja, claro.</p>

<p><b>Yo</b>: Y sí.</p>]]>
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    <title>¡No me nombren a ese animal!</title>
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    <id>tag:elerlich.com,2008:/momentito//9.1360</id>
    
    <published>2008-08-12T11:03:02Z</published>
    <updated>2008-08-12T11:13:00Z</updated>
    
    <summary>A mi hija mayor le han dejado una perrita para que la cuide. Es un cachorro de chihuahua, que es algo un poco más grande que el poder de compra de un billete de cien. Le silbo, chasqueo los dedos y el animalito se acerca haciendo fiestas.

- Se llama Frida - me señala mi hija.

-¿Frida?

- Sí, por Frida Kahlo.

Ay, Dios.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>A mi hija mayor le han dejado una perrita para que la cuide. Es un cachorro de chihuahua, que es algo un poco más grande que el poder de compra de un billete de cien. Le silbo, chasqueo los dedos y el animalito se acerca haciendo fiestas.</p>

<p>- Se llama Frida - me señala mi hija.</p>

<p>-¿Frida?</p>

<p>- Sí, por Frida Kahlo.</p>

<p>Ay, Dios.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Frida Kahlo fue una pintora mexicana que sufrió un temprano accidente, como consecuencia del cual quedó lisiada, hecho que determinó la temática de su pintura. Más que un personaje, Frida Kahlo es un ícono de la cultura latinoamericana, rescatada no sólo por los valores plásticos de su obra, sino por haber superado los escollos que le planteaban su condición física, en épocas además difíciles para la mujer.</p>

<p>Y en homenaje a ella, ¡le ponen el nombre a un animal!</p>

<p>Está claro que el dueño del chihuahua piensa como publicista. Levanta al bicho, le mira las partes, y ve que es perra. Busca en el Google <i>"Chihuahua"</i> y le aparece asociado a México. Listo: la perra ya tiene nombre. Frida Kahlo estará chocha de la vida en su tumba, y Diego Rivera se cagará de risa.</p>

<div class="recorte">Es sabido que tener un animal adentro de la casa no habla bien de la salud mental de la familia. Pero ponerle nombre de persona, ya es un indicio claro de demencia. Si los animales estuvieran diseñados para llevar nombre de gente, en vez de animales serían personas, y no tendríamos ese problema.</div> 

<p>Uno llamaría a la señorita Frida, y esta respondería con palabras o algún gesto. En cambio uno chifla, arroja un palo a la lejanía o saca un hueso para que se airee y la perra responde aún cuando no se entera de que se se llama como un ser humano.</p>

<p>Quiero adelantarme a aclarar que a mí la perra me cae simpática. Te mira con unos ojos de ping-pong, tirita todo el tiempo como si supiera hacia dónde va el mundo y si le gruñís te ladra en falsete. Yo la llamo: <i>"perrita, perrita"</i> y se viene moviendo la cola, para que mi hija bufe. </p>

<p>Dejémonos de jorobar y acabemos con esta comedia. Los perros tienen dos nombres: Sultán si es varón, Laika si es nena. Y punto. El resto son apodos (Boby, colita, mancha) o despropósitos (Adolfo, Gutiérrez, Macarena).</p>

<p>La gente que quiere ponerle Frida a un perro que tenga una hija y le pinte con carbón en el medio de las cejas. </p>

<p>O en todo caso que descubra un huracán y ahí sí, lo bautice en honor a su perra, a su novia o a su abuela.</p>]]>
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    <title>Dilemas paternos de sábado a la noche</title>
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    <id>tag:elerlich.com,2008:/momentito//9.1357</id>
    
    <published>2008-08-10T16:52:27Z</published>
    <updated>2008-08-11T01:16:15Z</updated>
    
    <summary>Las mujeres se divorcian y pierden un marido, que es la causa de todas sus neurosis (hasta que van al analista y se enteran que en realidad no han podido superar al padre). Los hombres, en cambio, se divorcian y pierden los fines de semana de la nueva soltería.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>Las mujeres se divorcian y pierden un marido, que es la causa de todas sus neurosis (hasta que van al analista y se enteran que en realidad no han podido superar al padre). Los hombres, en cambio, se divorcian y pierden los fines de semana de la nueva soltería.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Así es: los sábados por la noche de un hombre solo no transcurren entre malbecs, quesos y discos de Norah Jones para la señorita que está subiendo por el ascensor. No señor.  La noche de sábado del soltero bis con hija a su cuidado están sembrados de juguetes por toda la casa - en especial el living, en la zona del cartoon network - la pieza de la nena convertida en un probador de ropa abierto las 24 horas y horarios insólitos de sueño y de comida.</p>

<div class="recorte">Lo primero que un padre aprende cuando tiene que hacerse cargo de una mujercita que encima lleva su ADN es que cualquier cosa es mejor que la pelea; que antes firmar el empate que aguantarse los gritos. Ya discutiste con la madre y te terminaste mudando. ¿Ahora vas a arrancar un segundo round con la hija? Ni en pedo.</div>

<p>De modo que si uno ve que la nena parte al sillón de la tele munida de acolchado y almohada, y son recién las ocho de la noche, ya ni le da por temblar.</p>

<p>Vos te reirás y pensarás de qué se preocupa este tarado, pero yo te quisiera ver en mi lugar. La nena se te duerme viendo la tele a las ocho de la noche y la experiencia y media biblioteca pediátrica afirman que pasa de largo hasta las once del otro día. ¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a dejar que se duerma sin comer? ¿La vas a despertar para darle aunque sea una sopa de sobre y que después siga durmiendo? Tomate tu tiempo para responder, porque parece una pregunta fácil pero es más capciosa que la economía.</p>

<p>La única vez que la desperté para que cene <i>"aunque sea alguito, porque te vas a despertar a las cuatro de la mañana con hambre y no me voy a levantar a cocinarte"</i>, terminamos uno de los dos llorando por lo malo que es su padre, y el otro con un nudo en la garganta y una vocación al celibato retroactivo.</p>

<p>Así que así está la cosa: la nena se durmió como una princesa de cuento y ya la trasladé a la cama. Se acerca la hora de la cena y a mí el estómago me urge. </p>

<div class="recorte">Igual iba a encargar una pizza por teléfono, pero ahora se me suma un dilema más: ¿pido una muzzarella grande para las dos o una chica para mí, jugándome la cabeza a que no se despierta? </div>

<p>Es jodido, sobre todo porque la heladera es un páramo helado donde me queda solamente un pote a medio consumir de queso untable  y no más alternativas que las galletas de salvado de la alacena. Y son las diez y de la nena ni noticias. Me le siento al lado de la cama y la llamo despacito, acariciándole el pelo y nada. La muevo un poco y ni se mosquea.</p>

<p>Me juego todo al instinto y sudando frío pido la chica de muzzarella. </p>

<p>Hasta que llegue el delivery  me trato de convencer de que hice bien; la nena con media pizza se llena y a mí me viene bárbaro para empezar de una buena vez la dieta y dejarme de comer porquerías los sábados por la noche. Pero pasan cuarenta minutos y cuando por fin llega la moto al estómago lo tengo pidiendo rescate o amenazando con comerme el hígado. </p>

<p>La llamo una vez más desde la puerta de la habitación, esta vez en voz bien alta - más que nada para cumplir con la formalidad  - y no logro arrebatarla del sueño. Me doy por satisfecho, le entro a la pizza, y a partir de ahí me siento la persona más miserable de la tierra. A cada pedazo de pizza que engullo la vuelvo a llamar pero cada vez más despacio, hasta llegar al susurro, porque está claro que con media porción que va quedando no conformás ni al estómago de un chico.</p>

<p>Cuando solamente quedan en la caja las manchas de aceite en el fondo y algún derrame de queso, apago todas las luces y bajo el volumen del televisor, no vaya a ser que ahora sí se despierte. </p>

<div class="recorte">Y el resto de la noche me persigo solo. Seguro que va a llamar la madre para preguntar que comió para la cena. Se va a presentar la abuela con un juez, le van a oler el aliento y me van a quitar la tenencia. Se va a despertar, va a ver la caja de la pizza y va a llorar hasta el lunes al mediodía.</div>

<p>- <i>Eso porque sos varón y no tenés instalado el chip materno</i> -me dice una amiga por teléfono. - <i>Una madre pide la pizza chica y dos empanadas. Deja las empanadas tapadas sobre la mesa y si se despierta en medio de la noche las come y ni te enterás.</i></p>

<p>¿Adónde venden esos chips? ¿Y con cuantos sms gratuitos vienen? Yo quiero el mío y lo quiero ya, para textear a la pizzería por las dos empanadas póstumas o lo que sea que les quede y así poder irme a dormir tranquilo.</p>

<p>Porque lo que es hasta ahora, son las cuatro de la mañana, tengo los ojos Simpson y no me animo a acostarme por si tengo que apurarme a untar galletas de salvado con queso.</p>]]>
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    <title>El hermanito perdido</title>
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    <published>2008-08-10T04:48:33Z</published>
    <updated>2008-08-10T05:02:20Z</updated>
    
    <summary>Vivir para haberlo visto.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p><img src="http://farm4.static.flickr.com/3121/2748818234_a3d9f23d6e_o.jpg" width="316" height="148" alt="Bussi, el payaso de IT" /></p>]]>
        
    </content>
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    <title>Sexo casual</title>
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    <published>2008-07-30T03:15:55Z</published>
    <updated>2008-07-30T03:56:30Z</updated>
    
    <summary>¿Han oído alguna vez hablar del &quot;sexo casual&quot;? A mí esa expresión me hacer rechinar los dientes. ¿Cómo es el sexo casual? ¿&quot;Justo nos encontramos en la puerta del telo y ya que estábamos le pusimos un par&quot;? ¿&quot;La tenía de pedo en la entrada, se resbaló y entró&quot;? Para mí la única variante de sexo que se puede acercar a casual es la masturbación: &quot;La mano estaba cerca y... me tenté&quot;.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>¿Han oído alguna vez hablar del <i>"sexo casual"</i>? A mí esa expresión me hacer rechinar los dientes. ¿Cómo es el sexo casual? ¿<i>"Justo nos encontramos en la puerta del telo y ya que estábamos le pusimos un par"</i>? ¿<i>"La tenía de pedo en la entrada, se resbaló y entró"</i>? Para mí la única variante de sexo que se puede acercar a casual es la masturbación: <i>"La mano estaba cerca y... me tenté"</i>.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Yo quiero creer que obedece a una mala traducción del inglés. Los anglosajones entienden como casual - con acento prosódico en la a: cásual - a lo que se aleja de la formalidad. Los <i>"casual fridays"</i> son una institución de fin de semana por la cual los yanquis se enloquecen y hacen cosas de no creer, como ir a trabajar en vaqueros y sin corbata.</p>

<p>Pero así y todo ¿<i>"sexo informal"</i>? ¿Estamos todos locos o nos dio por la redundancia?</p>

<div class="recorte">¿Vos conocés algún tipo de sexo que no sea informal? Sí, ya sé: el del matrimonio. Pero eso tiene más de institución que de sexo.</div>
 A fuerza de compartir la misma cama se va perdiendo la espontaneidad, se diluye el interés. Vos te mudás a dormir con una persona y de a poco vas resignando ya no sólo la pasión, sino hasta la identidad. Un buen día te levantás a las cuatro de la mañana, mirás al lado y te preguntás quién sos, cómo llegaste ahí, y sobre todo, qué es eso que ronca al lado tuyo.

<p>Si por ahí tenés la suerte de dormirte después de un buen rato de desorientación y terror, bien puede ser que un roce de pierna como al descuido, alguna mano tonta que no estaba en los planes produzca una chispa inesperada que te remonte en tirabuzón al milagro del sexo. Un sexo desconocido, abismal y totalmente fuera de los papeles.</p>

<p>Y sí, al final va a ser cierto: un sexo casual.<br />
</p>]]>
    </content>
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    <title>Ropa interior</title>
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    <published>2008-07-27T00:22:50Z</published>
    <updated>2008-07-27T19:13:24Z</updated>
    
    <summary>Si uno nace mujer, y está buena, tiene derecho a decir que duerme “sólo con dos gotitas de channel número 5” y pasar a la historia de la fantasía erótica. En cambio si sos hombre y te atrevés a confesar que dormís en bolas, todos te miran como se mira a un degenerado.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>Si uno nace mujer, y está buena, tiene derecho a decir que duerme <i>“sólo con dos gotitas de channel número 5”</i> y pasar a la historia de la fantasía erótica. En cambio si sos hombre y te atrevés a confesar que dormís en bolas, todos te miran como se mira a un degenerado.</p>]]>
        <![CDATA[<p>A mí, como varón en segunda soltería, ya planchar la ropa me parece de excéntricos. Imaginate cómo me pongo si me tengo que vestir para ir a la cama.</p>

<p>- Y cuando te visita tu hija ¿También dormís en pelotas?</p>

<p>- Cuando viene mi hija a casa me pongo un boxer.</p>

<p>- ¿¿¿Tu hija te ve en paños menores???</p>

<p>- Mi hija me ve volver del gimnasio en short, me vio en malla en la pileta. ¿Qué tienen esas dos prendas que no tenga un boxer de Tweetty?</p>

<div class="recorte">Es de locos. Los circuitos integrados mataron a los transistores, que a su vez liquidaron a la radio a galena, pero la gente pretende seguir durmiendo como en la época de las grandes bandas.</div> 
Mi tío Mauricio tenía pijamas de esa época. Caía una vez al mes a la casa de mi abuela a visitar las curtiembres del norte (el tío correteaba cintos). Se peinaba para atrás con gomina - parecía Isidoro Cañones pero en formato heladera – y traía varios pijamas, a los que alternaba como si fueran trajes. Es cierto que a esos pijamas les metías encima una robe y una pipa y parecías Hugh Heffner. Igual mi abuelo puteaba. Lo veía calzarse el pijama a las 7 de la tarde y se olía que le afanaban el sillón de ver la tele hasta el final del último programa.

<p>Era otra generación. Ahora los pijamas son como joggings de clase baja, ideales para marcar panza. Yo a esas cosas le tengo miedo. Me imagino que me calzo uno de esos encima, de inmediato me sale sombra de barba y me empieza a volar alrededor el mosquerío. </p>

<div class="recorte">Díganme lo que quieran, pero para mí el pijama es una cosa que te da patente de vago. Y no es que a mí se me desboque el alma por laburar. Pero una cosa es el ocio natural bien llevado y otro el que te fija el estereotipo.</div>
Mirá si me pongo el jogging coreano, me da por cargar el termo por la casa, sentarme a leer la hípica y putear a los negros que no quieren deslomarse para sacar el país adelante. Es una tentación, pero paso.

<p>Seamos sinceros y pongámonos profundos: la cama es el único lugar en el que podés acurrucarte desnudo en posición de feto y hacer de cuenta que esta carrera demente transcurre en una dimensión futura y lejana al líquido amniótico que te cobijará esa noche y otros tantos meses por delante. </p>

<p>Así que dejame dormir tranquilo y en pelotas, que es un privilegio de los vivos. El día que esté horizontal, pero incapaz de empañar un espejo poneme el pijama que más te guste. Eso sí: seguro que para hacer la contra, ese día van y me encajan un traje.<br />
</p>]]>
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    <title>Me tenté</title>
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    <published>2008-06-23T14:03:47Z</published>
    <updated>2008-06-23T14:09:59Z</updated>
    
    <summary>La gente es mala y se tienta.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p><a href="http://farm4.static.flickr.com/3272/2604244690_8faab00c67_o.jpg" width="541" height="169" alt="Macri + Gigio = De Angelis" target="_blank"><img src="http://farm4.static.flickr.com/3276/2604244682_238e9cc2a7_o.jpg" width="316" height="85" alt="Macri + Gigio = De Angelis" /></a></p>

<center><a href="http://farm4.static.flickr.com/3272/2604244690_8faab00c67_o.jpg" width="541" height="169" alt="Macri + Gigio = De Angelis" target="_blank"><i>Click para ampliar</i></a></center>]]>
        
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    <title>Pintor, no marques las horas</title>
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    <published>2008-04-12T14:27:47Z</published>
    <updated>2008-04-23T11:17:14Z</updated>
    
    <summary>&quot;Voy a pintar la casa&quot;. Ah, sí. Dios nos libre de la tentación de decir una frase corta de ese tipo. Se dicen pronto y las lamentás por el resto de tu vida. Pintar la casa es una idea loable llena de futuro, como la idea de hacer la revolución. Suena a pura utopía, claro, pero uno no sabe en el baile que se mete. Una vez que empezaste tenés que matar al enemigo, encarcelar a los opositores, crear un régimen de partido único, y así la cosa va perdiendo encanto.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p><i>"Voy a pintar la casa"</i>. Ah, sí. Dios nos libre de la tentación de decir una frase corta de ese tipo. Se dicen pronto y las lamentás por el resto de tu vida. Pintar la casa es una idea loable llena de futuro, como la idea de hacer la revolución. Suena a pura utopía, claro, pero uno no sabe en el baile que se mete. Una vez que empezaste tenés que matar al enemigo, encarcelar a los opositores, crear un régimen de partido único, y así la cosa va perdiendo encanto.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Ahora, si pintar el lugar en el que te vas a ir a vivir te puede a lo sumo demorar unos días la mudanza, pintarla con uno adentro es pimienta de otro costal. Es para machos, te aviso. </p>

<p>Primero cae el pintor y te hace un presupuesto que se termina estirando más que una moratoria. Después están los colores del catálogo, que son como el traje en el manequí: jamás te va a quedar igual una vez puesto. </p>

<div class="recorte">La pared la querías verde té inglés, como en el cuadradito  de la pinturería. Pero resulta que en una extensión más grande vira a verde heladera Siam años sesenta, que es menos depresivo que una repartición pública, pero le puede hacer el aguante.</div>
Uno mira la pared, el color que no cede y cae en la cuenta que hasta ese día le había dado 24 horas de chance a un deudor para que te pague, o a un dibujo para que te guste. Nunca a una pared para que entre en razón. Estás tentado a mostrarle el wallpaper al pintor cosa que entienda la paleta cromática, pero tenés miedo que te conteste <i>"yo estoy tonalizando látex, jefe, no pintando RGB"</i>

<p>Porque a ver ¿qué se puede esperar de un coso que viene un día a tu casa, hace su alquimia en el balcón, te cubre todo de diarios y no se va nunca? Por lo pronto que te traiga los papeles para adoptarlo por si justo cae un censo en medio de la labor. Labor que se eterniza al punto en que te sentís Penélope y te dan ganas de sentarte a tejerle al infinito, si no fuera porque no queda dónde sentarse. Las sillas están cubiertas por un plástico y las camas llenas de los libros de la biblioteca que desarmaste para que el tipo pueda pintar. </p>

<div class="recorte">No es broma: hay gente que se asocia a un gimnasio, se mete a una clase de spinning y se pasa dos horas sin mover un pedal.

<p>- ¿Te quedaste sin aire? - pregunta el instructor.</p>

<p>- No - contesta uno. - Vine a sentarme un rato porque me están pintando el departamento.</div>A medida que la cosa no avanza, el olor a pintura se convierte en una adicción nueva. Mirás los bultos en que se ha convertido el living, el comedor; los galpones provisorios que ocupan el lugar de las piezas, te empieza a faltar el aire y no es que estén rasqueteando. Te sentís un refugiado afgano al que encima le pintan la carpa y le amontonan las cosas en el medio.</p>

<p>Nadie te explica antes de empezar que si en el universo el tiempo es relativo, no te hacés una idea de lo que es en la agenda del pintor. No hay matemática que avale que dos bibliotecas de pared desparramadas en el piso corresponden a tres habitaciones llenas de libros y cedés. </p>

<div class="recorte">Al final salís huyendo del departamento, como en <a href="http://www.lainsignia.org/2001/enero/cul_031.htm" target="_blank"><u>Casa Tomada</u></a>, salvo que adentro no queda el peronismo sino el pintor.</div>
El tiempo pasa, envejecemos, las pasiones se asientan y al final, uno de esos días uno toma coraje y vuelve. Abre la puerta y se encuentra con el piso barrido, los tarros con sobrantes de pintura etiquetados por si necesitás retocar algún detalle, los diarios en bolsas de consorcios y al pintor y al ayudante esperándote para decir las palabras que más emotivas que vas a escuchar en los próximos diez años:

<p>- Listo, jefe. Ya está.</p>

<p>Y entonces, con lágrimas en los ojos, le pagás lo que quedaba de saldo, les das la mano y los ves partir hacia el ascensor como a esos cowboys viejos luego de impartir justicia, recortados contra el sol en el polvo de lija, un agujero en tu bolsillo y el suelo de la casa con cadáveres por enterrar.</p>

<p>Y ahí empieza la conga en serio, corazón: cuando tenés las paredes nuevas, pero el resto es un mecano desparramado. Pero eso es historia para otro día. Hay mucha pintura en el ambiente y los ojos me entran a llorar fácil. </p>]]>
    </content>
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    <title>El nuevo karma del devedé</title>
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    <id>tag:elerlich.com,2008:/momentito//9.1322</id>
    
    <published>2008-03-31T03:37:52Z</published>
    <updated>2008-04-01T02:39:50Z</updated>
    
    <summary>¿Cómo es posible que los videoclubes se sigan llamando así cuando ahora alquilan devedés? Nadie dice &quot;me voy al devedéclub&quot;. La gente a lo sumo avisa: &quot;me voy a alquilar un devedé&quot;. Y si uno les sigue preguntando, contestan &quot;al videoclub&quot;.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>¿Cómo es posible que los videoclubes se sigan llamando así cuando ahora alquilan devedés? Nadie dice <i>"me voy al devedéclub"</i>. La gente a lo sumo avisa: <i>"me voy a alquilar un devedé"</i>. Y si uno les sigue preguntando, contestan <i>"al videoclub"</i>.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Con la lenta agonía del videocassette - sí, todavía quedan algunos, cerca de los displays viejos apilados, atrás de la sección porno, al lado del baño - perdimos algunas cosas: la imagen detenida que sigue temblando y el fast forward con dos rayitas horizontales verdes en la pantalla. Pero también hemos ganado otras, como la bolsita que protege al devedé y va a dentro de la caja diseñada para protegerlo.</p>

<div class="recorte">¿Por qué sucede ésto? Se suponía que el disco compacto sería eterno, y a prueba de golpes y rayaduras. No ha sido así, y hay incluso matrimonios que han durado más que un devedé.</div>
Cuando el devedé se raya, la imagen se congela. El muchacho está a punto de besar a la chica, la escena se friza y de inmediato vemos al chico atropellado y un auto que se da a la fuga. No es serio y te deja puteando.

<p>¿Cómo se explica que una película que lleva una semana en la batea esté más rayada que la zona del escritorio donde uno arrastra el mouse? Se explica por la primera ley de comportamiento ciudadano, que indica que lo que no es de uno debe arruinarse, cosa que el que venga por detrás lo padezca. Y la gente que pone un videoclub para alquilar devedés no es tonta y ha tomado nota del asunto.</p>

<p>¿Y cómo se han propuesto solucionarlo? ¿Han implementado un sistema de castigos y expulsión a los que dañen los discos? ¿Te cobran previamente un seguro para cobrarse si perdés una película o la usás para jugar al fresbee? No. Lo han resuelto en dos pasos muy sencillos:</p>

<p>- Primero, dan vuelta la película y miran la base del devedé con mucha concentración. Da lo mismo si está brillante como un esepjo, o rayada con una aguja de tejer. El tipo la mira como si estuviera descifrando una circular bancaria y después dice <i>"ahá"</i> y te la entrega.</p>

<p>- Y ahí viene el segundo paso: no la mete directo en la cajita. La guarda en un sobrecito plástico transparente y después lo mete en la caja. </p>

<p>Ahora bien; uno llega a su casa, abre la caja, saca el sobrecito, abre el sobrecito, saca el devedé. Cuando uno termina de ver la película, dos o tres días después. se encuentra con dos evidencias. La primera, que hubiera sido más barato comprarla que pagar la mora acumulada. La segunda, que ha desaparecido el sobrecito del devedé.</p>

<div class="recorte">Si señor: los sobrecitos plásticos de los devedés son como las medias de los videoclubes. Vos llevás la ropa al lavadero y te desaparecen las medias. Llevás una película a tu casa y te desaparece el sobrecito del devedé.</div>

<p>La primera vez, el tipo que atiende te dice en un tono semiamable <i>"con la próxima no te olvides de traerme el sobrecito de ésta también."</i> La segunda vez te mira fijo y no te dice nada. La tercera te mira con odio y te suelta <i>"el sobrecito también se devuelve, jefe"</i>.</p>

<p>Así que ahí anda uno, que sacó una comedia liviana o una de tiros para relajarse, con el pecho pegado al piso buscando abajo del sillón el sobrecito del devedé. Que encontrarlo es como explicarle algo a la mujer de uno: una tarea imposible.  ¿Así que qué terminamos haciendo? Abrimos el cajón del mueble de la computadora, sacamos un sobrecito nuevo, flamante, que estaba destinado a guardar una pila de mp3 o un backup de fotos y guardamos la película para poderla devolver.</p>

<p>¿Y sabés qué? A mí no me joroba en lo más mínimo pagar un western con tres días de mora, porque yo veo las películas como se me antoja y el cine actual me ayuda a dormir. Pero si hay algo que me repiquetea en la paciencia es el maldito, miserable, demoníaco sobrecito de devedé. ¿Por qué tengo que donar uno recién comprado, que tiene como olor a auto nuevo, para reemplazar un plástico arrugado y cachuzo que apenas vuelva a la casa me va a aparecer encima del velador? A quién se le ocurrió la brillante idea de que el planeta necesita más plástico circulando por cada alquiler de devedés?</p>

<p>Y lo peor: ha pegado en el presupuesto, en los usos y las costumbres. No te extrañe verte un sábado a la mañana, a la hora de hacer las compras, diciéndole al empleado de la casa de informática: <i>"Dame diez cds vírgenes, diez devedés vírgenes, veinte cajitas de plástico y diez sobrecitos de plástico... para tener por si acaso cuando vaya a devolver un devedé."</i></p>]]>
    </content>
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    <title>El Nata Arroyo</title>
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    <id>tag:elerlich.com,2008:/momentito//9.1317</id>
    
    <published>2008-03-19T02:09:18Z</published>
    <updated>2008-03-19T02:39:02Z</updated>
    
    <summary>- Y eso que no te conté la del Nata Arroyo - me dice Caquito desde atrás de la cerveza. - No te conté ¿no?

- No, no me contaste - doy un sorbo mientras levanto los brazos para que el mozo acomode los individuales.

- ¡Uh, boludo! - liquida de un trago Caquito lo que le queda en el vaso y se reclina aún más sobre la mesa - te la cuento pero que muera aquí.

- Quedate tranquilo, Caco - me miro en el reflejo de los cubiertos. - Esto no sale de acá.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>- Y eso que no te conté la del Nata Arroyo - me dice Caquito desde atrás de la cerveza. - No te conté ¿no?</p>

<p>- No, no me contaste - doy un sorbo mientras levanto los brazos para que el mozo acomode los individuales.</p>

<p>- ¡Uh, boludo! - liquida de un trago Caquito lo que le queda en el vaso y se reclina aún más sobre la mesa - te la cuento pero que muera aquí.</p>

<p>- Quedate tranquilo, Caco - me miro en el reflejo de los cubiertos. - Esto no sale de acá.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Es mediodía en el primer piso del restobar y estamos celebrando algo difuso con cerveza. Después va a laburar Magoya, pero eso no importa. Un amigo y una cerveza no se le niegan al día, por más temprano que sea en el norte del país.</p>

<div class="recorte">- Resulta que entro a la redacción haciéndome el boludo, así, sin mirar demasiado a nadie, cosa que no se aviven que vengo a cobrar.</div>

<p>Caco inclina el vaso y se sirve cerveza sin espuma. Después me sirve a mí.</p>

<p>- Me quedo parado un rato, relojeando así como con disimulo, pero entonces pienso: <i>"Si me ven parado sobre la línea de los cubículos, el contador me va a terminar por ver y se pira por la otra salida. Mejor me siento y espero callado"</i>.</p>

<p>El mozo se acerca y nos trae la baguette de ternera con morrón partida al medio pero en diagonal, como corresponde a un buen bar cheto.</p>

<p>- Y dicho y hecho. Me siento al lado del Nata Arroyo y le empiezo a dar charla.</p>

<p>El Nata Arroyo es columnista deportivo. Antes fue un precoz jugador de cierto importante club de la provincia. Un tipo fachero y con todas las eses en la conversación; un rara avis que de no haber sido futbolista igual hubiera tenido levante. El Nata es un tipo que seduce no sólo a las mujeres sino al auditorio. Es un peligro: cuando menos cuenta te das ya le prestaste cincuenta pesos.</p>

<p>- <i>"Eh, Natita, qué te pasa"</i> le digo. <i>"Te veo como muy concentrado. ¿que venís del proctólogo?"</i></p>

<p>Caco tiene la virtud de que habla con las mismas inflexiones con que escribe. Su columna de apostillas costumbristas son un deleite: las leés y es como si las escucharas.</p>

<div class="recorte">- Se da vuelta el Nata, che, y me clava la mirada. ¡Me clava la mirada! Parecía el bombón asesino.</div>
- ¿El bombón asesino? - me doy vuelta yo también y lo miro. - ¿Eh?

<p>- ¡Quería ver si estabas atento, culiao! - Me clava los ojos Caco como si fuera el bombón asesino. - Atendé que ésto que te cuento no pasa todos los días.</p>

<p>Le alcanzo la mitad de la baguette y liquido por igual en los dos vasos el resto de cerveza.</p>

<p>- Me mira el Nata, che, con los ojos vidriosos, como untados en glostora, y se me acerca y me dice despacito <i>"No sabés, Caquito, en lo que estoy metido".</i></p>

<p>Muerde un pedazo de baguette, sigue moviendo las manos aún cuando el relato se interrumpe, traga y sigue.</p>

<p>- <i>"En qué andás ahora, culiao"</i> le digo. <i>"¿Ya te has vuelto a meter en un kilombos de guita?". "¡No, qué guita!"</i> me dice y se acerca más, che. <i>"Te hablo de una mina".</i></p>

<p>Llegado a este punto pactamos una pausa tácita y le damos al unísono  un saque a la cerveza. Ya veo que me voy a tener que tomar un par de cafés cargados si quiero rendir un mínimo a la tarde.</p>

<p>- <i>"Uh, loco, desde cuándo son problemas las minas para vos"</i>, le digo y me río, porque el vago me había hecho asustar. <i>"¿Sí?"</i> me dice, <i>"¿sabés a quién me estoy moviendo?"</i> Ahí ya le presté atención - dice Caco en tono de generar suspenso. - <i>"¡A quién!"</i></p>

<p>Dicho lo cual se calla, me mira fijo y vuelve a entrarle a la baguette.</p>

<div class="recorte">-¡ A quién, roto, seguí contando! - le digo, bastante hinchado - ¿qué te creés? ¿que el sandwich viene con tanda comercial?</div>
Se ríe Caco mientras está tomando un poco de cerveza, lo cual resulta en un estornudo para adentro que lo termina por atragantar. Con los ojos saliéndose de lágrimas me mira conspirativo.

<p>- Me dice <i>"A la mina de Michael Bolton".</i></p>

<p>Yo no sé si en ese momento se hace un silencio en el bar, en mi cabeza, o ya es que con poca cerveza me sube rápido el pedo.</p>

<p>- ¿Michael Bolton?</p>

<p>- Michael Bolton - asiente Caco con la cabeza.</p>

<p>- ¿El saxofonista ese mitad marica y mitad malo?</p>

<p>- Ese - asiente Caco como clavando la referencia. - Vos por lo menos lo conocés.</p>

<p>Pasa un rato y pasa con nosotros callados. Terminamos de comer el medio sandwich cada uno. Acabamos incluso lo que queda de cerveza. Casi en piloto automático pido una porción de Selva Negra para compartir. Adios laburo a la tarde y adios silueta.</p>

<div class="recorte">- Vos me estás cargando, puto - le digo recorriendo el recuerdo del morrón en el paladar. - Me estás cargando bien. Y me preocupa, porque en condiciones normales no te da la imaginación.</div>
- No, boludo, te juro -me dice Caco haciendo la seña de la cruz entre los labios - ¡Si yo le dije lo mismo! <i>"Salí, culiao ¿Michael Bolton en Tucumán?"</i>

<p>- ¿Y qué mierda hace Michael Bolton en Tucumán?</p>

<p>- ¡Es lo que yo le dije! <i>"¿Qué mierda hace Michael Bolton en Tucumán?"</i> </p>

<p>- ¿Y qué te dijo?</p>

<p>- <i>"No sé, pero tiene una mina"</i>.</p>

<p>- Y él se la estaba atendiendo.</p>

<p>- Y, eso por lo menos decía - llega el mozo con la porción de Selva Negra. - Y yo le creo.</p>

<p>- ¿Y estaba Michael Bolton en Tucumán y nadie lo vio, no salió en el diario, nada?</p>

<div class="recorte">- No sé - dice Caco mientras elige por dónde cucharear la torta. - Parece que estaba rapado. De incógnito.</div>
De a poco vamos dando cuenta de la crema, después del chocolate, y al final nos entretenemos raspando el plato.

<p>- Bue, el asunto es que le pregunto <i>"¿Y de qué te asustás, loco? O qué, el lampiño ese de Michael Bolton te va a pegar? ¿Que no lo podés de una piña?"</i> Y me contesta <i>"no, Caquito, si no es él el que me asusta"</i>.</p>

<p>- ¿Y quién lo asusta?</p>

<p>- Parece que los guardaespaldas.</p>

<p>- ¿Los guardaespaldas? ¿Que no estaba de incógnito y rapado? </p>

<p>Sí - me dice Caco limpiándose con la servilleta en la que venían envueltos los cubiertos. - los guardaespaldas tambien están rapados.</p>

<p>Le hago señas al mozo para que traiga la cuenta.</p>

<p>- Bueno, el asunto es que le pregunto <i>"¿Y para qué quiere el pierna ese guardaespaldas si acá no lo juna nadie?"</i> ¿Y sabés lo que me contesta el Nata?</p>

<div class="recorte">- No, loco, nos agarra la noche - resoplo subrayando el resoplido. - ¿Qué te contesta el Nata?</div>
- <i>"Para cuando va a la cancha a ver a los Santos"</i> ¡Michael Bolton va a la cancha a ver a los cirujas!

<p>No puedo ni puede ni podemos evitar cagarnos de risa.  Nos reímos como dios manda a una sobremesa de baguete y cerveza y selva negra, compartida a finales del verano.</p>

<p>- La verdad, culiao, me sorprendés - le digo levantando el ticket de la cuenta. - Mirá la historia que has sacado de la galera, y encima desfondada.</p>

<p>- ¡Pará, pará! - me dice Caco sacándome la cuenta de las manos. - ¡Pará que falta lo mejor! ¡ Si yo también me le cagué de risa! Ya no me importaba que me escuche el contador, el tesorero, que me escondan hasta los vales. ¿Sabés lo que le dije?</p>

<div class="recorte">Ponemos veinte mangos cada uno, llamamos al mozo y le pedimos que traiga dos cafés y se los cobre del total.</div>
- Lo miré y a los gritos le dije <i>"¡Te das cuenta lo cirujas indignos que son los santos!  ¡A los deca no necesitamos que nos vayan a ver los putos yanquis, papá! ¡Verguenza es lo que dan! ¡Si a la cancha tienen que ir todos de incógnito!"</i>

<p>Bajamos la escalera, salimos, agarramos calle abajo. En la parada del bondi nos damos un abrazo. Caco sube y mientras arranca alcanzo a preguntarle</p>

<p>- Che ¿y al final cobraste?</p>

<p>Me saluda desde el estribo con fastidio.</p>

<p>- Qué mierda voy a cobrar.</p>]]>
    </content>
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    <title>Las cinco etapas del tipo cuando no le viene el ascensor</title>
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    <id>tag:elerlich.com,2007:/momentito//9.1295</id>
    
    <published>2007-11-25T04:00:36Z</published>
    <updated>2007-11-26T17:10:29Z</updated>
    
    <summary>Llegás a tu departamento a las tres de la mañana. Lo único que deseás es caerte encima del colchón y pasar de largo. Llamás al ascensor y el ascensor no viene. Dejás pasar un rato prudencial y nada. Pegás la oreja a la puerta y nada. No hay sonido, no hay movimiento, no hay viento, nada.

Hace cinco, diez minutos que estás parado ahí, pulsando el botón y el universo sigue quieto. Parece que no fuera tan tarde, pero es tardísimo. Siempre es tarde para que no venga el ascensor.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>Llegás a tu departamento a las tres de la mañana. Lo único que deseás es caerte encima del colchón y pasar de largo. Llamás al ascensor y el ascensor no viene. Dejás pasar un rato prudencial y nada. Pegás la oreja a la puerta y nada. No hay sonido, no hay movimiento, no hay viento, nada.</p>

<p>Hace cinco, diez minutos que estás parado ahí, pulsando el botón y el universo sigue quieto. Parece que no fuera tan tarde, pero es tardísimo. Siempre es tarde para que no venga el ascensor.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Y ahí, donde la mayoría de la gente ve un futuro de gritos desmedidos y pases de factura en el consorcio, uno, que está solo y espera al artefacto, siente que se le abre un lento y doloroso proceso hasta llegar al piso doce y de ahí a la cama.</p>

<p>No es invento mío. Gente preparada, profesionales de la ciencia que también han sufrido la propiedad horizontal, han sintetizado la amargura del inquilino a las tres de la mañana frente al hueco en cinco etapas: </p>

<p> <h3 class="entry-header">1) Negación y aislamiento</h3> <br />
La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante - ¡el ascensor no viene! - y ofrece una defensa provisoria que pronto será sustituida por una aceptación parcial. </p>

<p><i><b>"No puede ser, esto no me está pasando a mí. Hoy bajé y andaban perfecto los dos ascensores. Debe ser algún novio despidiéndose. Hay que esperar un rato y listo."</b></i></p>

<h3 class="entry-header">2) Ira</h3> 
La negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar; la cólera se dispersa en todas direcciones, aún injustamente y sin sentido.

<p><i><b>"LA REPUTISIMA MADRE QUE LOS PARIÓ A TODOS LOS HIJOS DE REMIL PUTAS QUE VIVEN EN ESTE EDIFICIO DEL ORTO. HAY QUE JUNTAR A TODOS LOS ESTUDIANTES DESCEREBRADOS QUE CIERRAN LA PUERTA COMO EL CULO Y A TODOS LOS SERVICES DE ASCENSORES DE LA PROVINCIA, EL UNIVERSO Y LA GALAXIA Y METERLOS EN MASA EN EL MISMO BARCO Y QUE SE VAYAN DESPACITO A LA MISMISIMA MIERDA.  POR QUÉ ME PASA ESTO A MÍ, POR QUÉ POR QUÉEE. HAY QUE AGARRAR A TODOS LOS QUE VIVEN EN CASAS DE UNA PLANTA Y MUDARLOS A LAS TRES DE LA MAÑANA A UN EDIFICIO AL QUE NO LE ANDA EL ASCENSOR PARA QUE VEAN LO QUE ES BUENO Y SUFRAN LO SUYO. Y YA QUE ESTAMOS HAY QUE QUEMAR VIVO AL PERRO QUE ESTÁ VACIANDO LA BASURA DE LA PUERTA, PORQUE SÍ, PORQUE ME PIACE. NO HAY DIOS, NO HAY DIOSSS"</b></i></p>

<h3 class="entry-header">3) Pacto o negociación</h3>
Ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, más el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para superar la traumática vivencia. 

<p><i><b>"Bue. Espero diez minutos más y si no pasa nada empiezo a subir y a chequear piso por piso. Capaz que está mal cerrado en el tercero o en el cuarto y me ahorro a lo mejor los otros ocho. Algo es algo"</b></i></p>

<h3 class="entry-header">4) Depresión</h3>
Cuando no se puede seguir negando, la persona se debilita; aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado por lo general temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad.

<p><i><b>"Qué bajón. Si sabía esto me quedaba en casa. Y ahora voy a tener que subir los doce pisos uno encima del otro. Porque claro, a Rockefeller no se le queda el ascensor. Se me queda a mí. Y si se me queda el ascensor a mí, seguro que la puerta está abierta en el piso doce, no en el cuarto ni en el quinto. Qué pelotudo me siento, Me quiero ir ya mismo al campo y vivir debajo de una vaca"</b></i></p>

<h3 class="entry-header">5) Aceptación</h3> 
Quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, la bronca y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. Ojo: no hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos.

<p><i><b>"Voy por el piso nueve y no siento los pies. Por lo menos hice un poco de ejercicio y me despejé. Para qué mierda me despejé a las tres de la mañana es otro asunto, pero no me voy a hacer malasangre justo ahora, que el piso once es una luz que se acerca. Creo que con el aire llego justo. A ver las llaves ¿dónde están las llaves? Uy Dios, las llaveees"</b></i></p>]]>
    </content>
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    <title>Un paraíso argentino para Jack</title>
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    <published>2007-10-28T17:07:52Z</published>
    <updated>2007-10-28T18:54:35Z</updated>
    
    <summary>&quot;Déjame decirte algo, Danny, y escúchame bien, porque verdaderamente creo en ello: eres el hombre más afortunado del mundo.  Es que - créanme, caballeros - no hay nada más sexy en la tierra que una mujer ante la cual debes cuadrarte a la mañana.&quot;</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p><i>"Déjame decirte algo, Danny, y escúchame bien, porque verdaderamente creo en ello: eres el hombre más afortunado del mundo.  Es que - créanme, caballeros - no hay nada más sexy en la tierra que una mujer ante la cual debes cuadrarte a la mañana.</i></p>]]>
        <![CDATA[<p><i>Asciéndalas a todas, es lo que digo. Porque verás: mi problema, es que soy un coronel. Así que voy a tener que seguir tomando duchas frías hasta que elijan a una nena presidente."</i></p>

<div class="recorte"><img src="http://farm3.static.flickr.com/2208/1792092893_9be3eb9a6c_o.jpg" width="319" height="239" alt="Jack" /></div>(Jack Nicholson a Tom Cruise 
y Demy Moore en <i>"A few good men"</i>)
]]>
    </content>
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    <title>Encuentros y reencuentros</title>
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    <published>2007-10-09T19:15:33Z</published>
    <updated>2007-10-10T11:50:47Z</updated>
    
    <summary>El camino se abre abre ante nosotros con planicies de arena a los costados. El auto se desliza sobre una ruta suave donde la noche se va a desenrollar de un momento a otro.  

- Antes de hacer ningún plan - mi tía enciende un segundo cigarrillo con la colilla del primero. - ¿Tenés amigos a los que quieras visitar?  

- No. </summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>El camino se abre ante nosotros con planicies de arena a los costados. El auto se desliza sobre una ruta suave donde la noche se va a desenrollar de un momento a otro.  </p>

<p>- Antes de hacer ningún plan - mi tía enciende un segundo cigarrillo con la colilla del primero. - ¿Tenés amigos a los que quieras visitar?  </p>

<p>- No. </p>]]>
        <![CDATA[<p>Todavía se me mueven en el cuerpo los restos de casi un día volando. Necesito una ducha, tengo sueño, tal vez no soy gentil. </p>

<p>- ¿No? ¿Nadie? ¿Seguro? - la tía fuma despacio en medio de mi primer atardecer en medio oriente, mientras maneja tranquila hacia el sur. - ¿Y tus compañeros de la escuela?  </p>

<p>- Tía, hace más de treinta años que no nos vemos. Ni se deben acordar qué cara tengo.  </p>

<p>- Vos sabrás.  </p>

<p>Poco después me duermo, caigo en un pozo de sueño atrasado y familia por conocer.  </p>

<p><br />
<div class="recorte">Cada vez que entreabro los ojos, la tía me dice <i>"dormí tranquilo, falta poco"</i>. Cuando llegamos a la casa ya es de noche, ya es el sur profundo de Israel, ya debe ser la madrugada en el lugar de donde vengo. </div> Durante las siguientes tres semanas viajaré en tren entre soldados adolescentes, recorreré el desierto en un peugeot plateado, conoceré parientes que se fueron del país hace una punta de años, compartiré un casamiento familiar con rabino gracioso, <a href="http://elerlich.com/momentito/2007/05/jerusalem_a_vuelo_de_tuco.php" target="_blank">quedaré encerrado en la terminal de Jerusalem</a>, me perderé en el barrio ortodoxo, almorzaré en tres idiomas simultáneos, me olvidaré y recuperaré los lentes, comeré falafel con mi tía en el viento nocturno de Beer Sheva.  </p>

<p>Sobre el final, volvemos de pasar un día en la playa con mi primo y su flamante esposa. </p>

<p>- Ah, no te conté - me dice Caty arrastrando las palabras con su acento a caballo entre dos tierras. - Estuve hablando con una amiga y me dijo que su papá fue compañero de universidad del tuyo. </p>

<p>Dany se ríe </p>

<p>- ¿Viste? Es un país chico en un mundo chico. </p>

<p>Cuando volvemos a la casa Caty la llama por teléfono. </p>

<p>- Preguntale el apellido - le digo, sin demasiadas esperanzas. - No conozco muchos compañeros de mi viejo, pero por ahí, quién te dice. </p>

<p>- Dice que se llama Gwirc. </p>

<p>- Preguntale qué es de Jaime. </p>

<p>No llega Caty a apoyar la oreja en el auricular. </p>

<p>-Tomá, quiere hablarte. </p>

<p>- Hola ¿Bernardo? - Me dice la chica del otro lado de la línea. - ¿Sabés quién soy? Soy Adriana, la hermanita de Jaime. <br />
 </p>

<div class="recorte">Mi mamá me lleva de la mano por un patio que se me ocurre eterno. No sé si hace frío, pero lo recordaré así: temprano a la mañana, con nubes de vapor que se me escapan por la nariz y por la boca, un lugar que no conozco, una puerta grande que se abre para entrar al aula.</div> Mi madre habla algo con la maestra, me saluda y se va. La mujer me acompaña hasta una mesita que tiene una silla libre. En esa época los jardines de infantes tienen mesitas para dos o cuatro chicos. El nene que está sentado se da vuelta y me saluda, con sus ojos medio entrecerrados. 

<p>- Hola, me llamo Jaime. Estoy jugando con ésto ¿querés? </p>

<p>A partir de entonces y para siempre, Jaime será el primer amigo que tuve en la escuela primaria. Alguna vez tomaremos la merienda en su casa, donde vive con sus padres y Adriana, una hermanita bebé. Después la vida se meterá en el medio, cada uno seguirá su historia, me enteraré de oídas y cada tanto sobre alguna de sus cosas. Sé que se casó con Mirta - otra compañera del mismo grado - ; alguien me dirá que se vino a Israel. </p>

<p>- Qué loco, Bernardo. - Me dice Adriana con la misma sorpresa con la que la escucho. - Jaime vive a siete cuadras de tu primo. </p>

<p>Le dejo el celular de Dany y diez minutos después estamos saludándonos desde tan lejos en la historia, con una emoción que hasta parece nueva. Quedamos en encontrarnos esa misma tarde en la plaza en la que mis primos y sus amigos sacan a pasear sus perros.  </p>

<p>No sé de dónde aparecen Jaime y Mirta pero de golpe estamos abrazándonos, intercambiando nombres y ausencias, poniendo el recuerdo al día. Nos largamos a caminar en lo que queda de tarde, atravesamos plazas y recovecos, callecitas con escalones que siempre bajan, a medida que sus devenires se desgranan en los míos, se entrecruzan los pasados que vivimos a distancia, enredados en la misma historia argentina.  </p>

<p>Se hace de noche, una vez más. Siempre que se avanza en la memoria se adentra uno en la oscuridad. Nos vamos a detener un rato: mis primos quedaron lejos.  </p>

<p>- ¿Dónde estás parando? - pregunta Mirta, haciendo un alto bajo un árbol. </p>

<p>- En lo de mi tía, en Beer Sheva. </p>

<p>- ¿Y no lo viste a Roni? - saca el celular de la cartera. - ¡Roni vive ahí nomás de Beer Sheva! <br />
 </p>

<div class="recorte">Las mesas de segundo grado son más grandes que las de jardín. Entran varios chicos, y hoy va a entrar uno más. La maestra lo acomoda en la nuestra a Roni, pero hay algo raro: ¡le habla en hebreo!</div> ¿Estamos recién aprendiendo las primeras palabras en ese idioma raro y éste ya lo habla de corrido? Lo que pasa es que Roni viene de Israel, nos explica la maestra. <i>"Hay que hablarle despacio en castellano porque no lo maneja muy bien, lo está aprendiendo"</i>.  

<p>Lo que Roni manejará como nadie es el deporte. Será un crack en basquet y llegará a jugar en un club provincial. Vivirá a la vuelta de mi abuela, por lo que nos veremos seguido. Iremos juntos al club durante los veranos, nos sentaremos en la vereda con otros amigos a conversar de cosas importantes. Después lo mismo: la vida. Sé que se recibirá de profesor de educación física, pondrá un gimnasio, en algún momento tomará el avión. </p>

<p>- ¿Roni? - Pregunta la silueta de Mirta en las sombras de Kfar Saba. - Adiviná con quién estoy.  </p>

<p>Después de darle pistas le dice, se ríe y me pasa el celular. </p>

<p>- Hola ¿Roni? </p>

<p>- ¿Bernardo? ¡Qué hacés por acá! </p>

<p>Le hago la historia breve del viaje, quedamos en vernos en un par de días, me pide que lo disculpe, <i>"pero en este momento tengo un gato en el motor"</i>. Cuando mis primos se acercan les contamos, y Dani vuelve a reirse y a hablarme de las escasas dimensiones del mundo. </p>

<p><br />
<div class="recorte">Al regreso, mientras todos suben al departamento, yo me quedo abajo, conversando un momento con los chicos. Nadie se quiere ir. ¿Cuántas veces la vida nos cruzará de nuevo? ninguno menciona esa estadística: ellos no van a volver y yo vivo bastante lejos.</div> La despedida se demora pero al final nos terminamos por abrazar. Los miro descender despacio por la calle y yo me meto al ascensor, con ojos que de golpe me empiezan a arder. </p>

<p>Dos días después, Beer Sheva pondrá un solazo duro y seco en la esquina en que debo encontrarme con Roni. No hay un alma en la calle, salvo un auto que se acerca despacio y amaga con detenerse. Me inclino a mirar por la ventanilla, y el tipo rapado con lentes de mosca que me mira desde adentro me resulta familiar. Baja y nos saludamos con la misma efusión e incredulidad. Cuando lo llamé ayer, estaba en una estación de servicio y vio un gato debajo del auto. En lo que miró de nuevo, había desaparecido el animal. </p>

<p>- Tres horas me llevó sacarlo del motor.</p>

<p>Damos unas cuantas vueltas en el auto, terminamos metiéndonos en un bar y pidiéndole a un coso de la mesa de al lado si por favor nos puede tomar una foto. El tipo saca una sola, y esa sola sale más que bien. Roni me recomienda un helado de café que no conocíamos cuando jugábamos a la pelota en el pasaje donde estaba su casa, y mientras de los batidos va quedando la espuma, nos pasamos la posta de los amigos que cada uno ha dejado de ver.  </p>

<p>Me cuenta de Sandra y Mario, que se volvieron ortodoxos, se casaron, viven al norte y tienen como dos mil hijos; de Ariel, que es cirujano y se instaló en Francia, al sur. Me muestra fotos de sus hijos y yo hago lo mismo, ya de vuelta en casa, en la pantalla de la computadora. <br />
 </p>

<div class="recorte">Cuando estamos en la calle, a punto de terminar el último encuentro antes del regreso, me pide que le mande saludos <i>"a todos los que pregunten por mí"</i>. Nos apretamos la mano, fuerte, como dos chicos que compartieron alguna travesura.</div> Le comento sobre nuestra maestra de séptimo grado, que no hace demasiado que murió.  

<p>- No, no se murió - me dice, subiéndose al coche. - Para mí no se murió nadie. Están todos allá y siguen siempre vivos. </p>

<p>Lo veo perderse al doblar la esquina, y a medida que se aleja, el ruido del motor se va apagando adentro de la siesta que se me viene encima. Subo a preparar el equipaje. Cuando vuelva la tía cenaremos por última vez antes de irme, y cuando salgamos a dar vueltas en el coche, <a href="http://www.elerlich.com/novedades/2007/06/descubriendo_a_edgar_keret.php" target="_blank">le pediré que me lleve a alguna librería</a>. No he visitado ninguna y ya me estoy por volver. </p>

<p>A través de la ventanilla del auto alzo la cabeza y hundo la mirada en la noche de este hemisferio: no conozco ninguna estrella de esta parte del cielo. La brisa, en cambio, es más seca, pero es siempre la misma. Y es cierto: mientras sigamos vivos, ninguno de los nuestros tiene por qué morir. <br />
<br><br />
<img src="http://farm3.static.flickr.com/2385/1526507653_790b011f0c_o.jpg" width="319" height="239" alt="JM" /><br />
<i>Con Jaime y Mirta en Kfar Saba</i></p>

<p><img src="http://farm3.static.flickr.com/2380/1526507695_7369ecca8d_o.jpg" width="319" height="239" alt="R" /><br />
<i>Con Roni en Beer Sheva</i><br />
</p>]]>
    </content>
</entry>
<entry>
    <title>Persecutoriamente correcto</title>
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    <link rel="service.edit" type="application/atom+xml" href="http://www.elerlich.com/cgi-bin/mt-atom.cgi/weblog/blog_id=9/entry_id=1283" title="Persecutoriamente correcto" />
    <id>tag:elerlich.com,2007:/momentito//9.1283</id>
    
    <published>2007-09-13T03:41:24Z</published>
    <updated>2007-09-13T04:07:32Z</updated>
    
    <summary>Al medio para el cual dibujo, ha llegado un mail acusándome de machista.

[...] les escribo un email porque ya me ha ocurrido varias veces que la viñeta de Elrich me resulta ofensiva de una manera machista. Su humor parece basado en los tópicos más vulgares sobre la mujer. He buscado información y al parecer no soy la única a la que sus chistes no hacen ninguna gracia (buscando en google &apos;erlich machista&apos; aparecen muchas entradas).

Caramba. ¿Seré machista? a esta altura del relato aún no sé, pero curioso  soy seguro.</summary>
    <author>
        <name>Bernardo Erlich</name>
        
    </author>
    
    <content type="html" xml:lang="es" xml:base="http://elerlich.com/momentito/">
        <![CDATA[<p>Al medio para el cual dibujo, ha llegado un mail acusándome de machista.</p>

<p><i>[...] les escribo un email porque ya me ha ocurrido varias veces que la viñeta de Elrich me resulta ofensiva de una manera machista. Su humor parece basado en los tópicos más vulgares sobre la mujer. He buscado información y al parecer no soy la única a la que sus chistes no hacen ninguna gracia (buscando en google 'erlich machista' aparecen muchas entradas).</i></p>

<p>Caramba. ¿Seré machista? a esta altura del relato aún no sé, pero curioso  soy seguro.</p>]]>
        <![CDATA[<p>Así que hice lo mismo que esta buena mujer, y busqué en Google <i>"Bernardo Erlich machista"</i> (de seguro debe haber otros Erlich machistas, pero no sé si el mail les habrá llegado a ellos). La búsqueda arrojó 50 resultados. Es mucho. Casi que me asusté. Así que de inmediato puse <i>"Bernardo Erlich feminista"</i>, y el buscador me devolvió ¡139 respuestas! Puse <i>"Bernardo Erlich simpático"</i> y fueron 104. En vez de <i>"simpático"</i> escribí <i>"caníbal"</i>  y el resultado dio 126.</p>

<p>Ahí empecé a sospechar que algo no funciona: yo simpático no soy. Y entonces lo de machista y caníbal entran también en un cono de sospecha.</p>

<p>Según las mujeres que conozco, los hombres somos todos una manga de machistas. Sobre el feminismo la cosa es igual de vaga, y lo único que la palabra me evoca es mujeres con pancartas, quema de corpiños y amor libre. Y así uno se emperre y organice una quema de condones, mientras dure el sida el amor libre no va a volver, aunque medio occidente salga con pancartas. Dicho lo cual me fui al diccionario a repasar algunas nociones. </p>

<p>De acuerdo a la <a href="http://rae.es" target="_blank">Real Academia Online</a>, el machismo se define como una <i>"actitud de prepotencia de los varones respecto de las mujeres"</i>. Pero al feminismo le da dos acepciones: la de <i>"doctrina social favorable a la mujer, a quien concede capacidad y derechos reservados antes a los hombres"</i> y un <i>"movimiento que exige para las mujeres iguales derechos que para los hombres".</i></p>

<p><br />
<div class="recorte">O sea que el feminismo es la actitud de prepotencia de las mujeres respecto de los hombres, obtenida a través de la igualdad de derechos.</div>- No sea estúpido - me dice una señora del trabajo que lee por encima de mi hombro. - El machismo a lo largo de la historia ha sido siempre una forma de opresión. </p>

<p>Será como esta señora dice y como la otra escribe en al mail al diario. Pero si te apuntan con el dedo y te señalan de machista para que el resto de la gente te mire feo, entonces el feminismo es una forma de persecución. </p>

<p>- ¡La mujer es el negro del mundo! - se envalentona otra compañera de oficina. - ¡No lo digo yo, lo dice John Lennon, que es uno de esos roqueros que a vos te gustan!</p>

<p>¿Ah, sí? Si la mujer es el negro del mundo, entonces las negras ¿qué son? </p>

<p>- Afroamericanas son, pedazo de racista - me apunta la contadora, que aparece y se prende en la discusión.</p>

<p><br />
<div class="recorte">Cómo se nota que Lennon no pisó el interior profundo de Argentina. Hasta el tango está lleno de morochas, y todavía no he escuchado la versión de orquesta para <i>"El patio de la afroamericana"</i></div>- Lo único que falta - me defiendo con la carta infalible. - Si empezamos con el antisemitismo, me levanto y me voy.</p>

<p>Y ahí se acabó la discusión,  como casi siempre terminan estos entuertos: haciendo uso del golpe bajo.</p>

<p>Al final se trata de eso ¿no? De tirarle al otro por la cabeza nuestro disgusto y a la vez dejarlo con un mal sabor de boca. A eso van las feministas, los machistas, los afroamericanos, los religiosos con recelo, las personas con capacidades diferentes, los fachos con megáfono, los cultores del sexo alternativo, las minorías que resisten, las etnias que reclaman personería, las víctimas con memoria militante. No sólo quieren un apodo nuevo que suene rimbombante. No. Buscan también que uno camine por el lenguaje como pisando huevos; que tenga miedo de usar las palabras, no sea que el mal empleo de alguna rompa algo en la mala conciencia de otro. Los judíos hemos invertido unos cuantos millones de los nuestros en aprender a hacerlo, los negros han puesto lo suyo, y las mujeres han terminado por aprender.</p>

<p>A veces me pongo a imaginar y pienso que la vida con un poco sentido del humor debe ser hasta linda y todo. Pero lo pienso una sola vez. A la segunda algún hijo de lo políticamente correcto se me viene al humo a levantarme una multa. </p>

<p>Son la policía del estado de ánimo. Viven del otro lado de la calle y andan decretando ilegal todo aquello que no les gusta, asustando a la gente para que presionen a otros y esos otros se dejen de reir. Su utopía es un mundo sin matices, literal como una señal caminera y tan atractivo como un edicto municipal. El día que el universo se ponga monocromo, aburrido y controlable, tal vez esta gente se deje de ofender. </p>

<p>Y cantaremos, junto a Javier Krahe: <i>"no todo va a ser follar / no todo va a ser follar / Ya follé el año pasado / a la orillita del mar"</i>.<br />
</p>]]>
    </content>
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