Dilemas paternos de sábado a la noche
Las mujeres se divorcian y pierden un marido, que es la causa de todas sus neurosis (hasta que van al analista y se enteran que en realidad no han podido superar al padre). Los hombres, en cambio, se divorcian y pierden los fines de semana de la nueva soltería.
Así es: los sábados por la noche de un hombre solo no transcurren entre malbecs, quesos y discos de Norah Jones para la señorita que está subiendo por el ascensor. No señor. La noche de sábado del soltero bis con hija a su cuidado están sembrados de juguetes por toda la casa - en especial el living, en la zona del cartoon network - la pieza de la nena convertida en un probador de ropa abierto las 24 horas y horarios insólitos de sueño y de comida.
De modo que si uno ve que la nena parte al sillón de la tele munida de acolchado y almohada, y son recién las ocho de la noche, ya ni le da por temblar.
Vos te reirás y pensarás de qué se preocupa este tarado, pero yo te quisiera ver en mi lugar. La nena se te duerme viendo la tele a las ocho de la noche y la experiencia y media biblioteca pediátrica afirman que pasa de largo hasta las once del otro día. ¿Y qué vas a hacer? ¿Vas a dejar que se duerma sin comer? ¿La vas a despertar para darle aunque sea una sopa de sobre y que después siga durmiendo? Tomate tu tiempo para responder, porque parece una pregunta fácil pero es más capciosa que la economía.
La única vez que la desperté para que cene "aunque sea alguito, porque te vas a despertar a las cuatro de la mañana con hambre y no me voy a levantar a cocinarte", terminamos uno de los dos llorando por lo malo que es su padre, y el otro con un nudo en la garganta y una vocación al celibato retroactivo.
Así que así está la cosa: la nena se durmió como una princesa de cuento y ya la trasladé a la cama. Se acerca la hora de la cena y a mí el estómago me urge.
Es jodido, sobre todo porque la heladera es un páramo helado donde me queda solamente un pote a medio consumir de queso untable y no más alternativas que las galletas de salvado de la alacena. Y son las diez y de la nena ni noticias. Me le siento al lado de la cama y la llamo despacito, acariciándole el pelo y nada. La muevo un poco y ni se mosquea.
Me juego todo al instinto y sudando frío pido la chica de muzzarella.
Hasta que llegue el delivery me trato de convencer de que hice bien; la nena con media pizza se llena y a mí me viene bárbaro para empezar de una buena vez la dieta y dejarme de comer porquerías los sábados por la noche. Pero pasan cuarenta minutos y cuando por fin llega la moto al estómago lo tengo pidiendo rescate o amenazando con comerme el hígado.
La llamo una vez más desde la puerta de la habitación, esta vez en voz bien alta - más que nada para cumplir con la formalidad - y no logro arrebatarla del sueño. Me doy por satisfecho, le entro a la pizza, y a partir de ahí me siento la persona más miserable de la tierra. A cada pedazo de pizza que engullo la vuelvo a llamar pero cada vez más despacio, hasta llegar al susurro, porque está claro que con media porción que va quedando no conformás ni al estómago de un chico.
Cuando solamente quedan en la caja las manchas de aceite en el fondo y algún derrame de queso, apago todas las luces y bajo el volumen del televisor, no vaya a ser que ahora sí se despierte.
- Eso porque sos varón y no tenés instalado el chip materno -me dice una amiga por teléfono. - Una madre pide la pizza chica y dos empanadas. Deja las empanadas tapadas sobre la mesa y si se despierta en medio de la noche las come y ni te enterás.
¿Adónde venden esos chips? ¿Y con cuantos sms gratuitos vienen? Yo quiero el mío y lo quiero ya, para textear a la pizzería por las dos empanadas póstumas o lo que sea que les quede y así poder irme a dormir tranquilo.
Porque lo que es hasta ahora, son las cuatro de la mañana, tengo los ojos Simpson y no me animo a acostarme por si tengo que apurarme a untar galletas de salvado con queso.
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Comentarios
La situación es, ciertamente dificil. Yo opino (desde afuera) que deberías tener una pre-pizza y prepararla en un momentito; cachitos de queso fresco, salsita, oregano, y chau. Tambien serviría tener un pote de esos yogures que tienen "LP defensives" y le decís que tomando eso se vá aconservar linda, sana e inteligente.
Seguramente, otros amigos tendran mejores ideas que te van a servir para afrontar esta situación.
¡Hasta la próxima!
El Héctor | Agosto 11, 2008 03:10 AM
Mire, yo hubiera pedido la grande. Y si se levanta con ragú a las tres, que se despache el sobrante sin demasiado aspaviento (pero tengo por regla NO DELIVERY en mi vida, así que lo más probable es que hubiera hecho alguna comida abundante y calentable o plausible de ser comida a diversas temperaturas -¡una pizza!-).
fender gebiet | Agosto 11, 2008 02:41 PM
Es que cuando cocinás la nena no se duerme.
Bernardo | Agosto 11, 2008 03:51 PM
Mira, Berni, lo mejor es que te compres un microondas y tengas comida congelada en el congelador. Ella solita se lo soluciona si se despierta. Lo que ya es más difícil de solucionar es ser soltero un sábado por la noche con la nena en casa. Pero, cuando tengas plan, búscate una "canguro" que la cuide hasta tu regreso. A veces una vecina de confianza sirve.
Magi@ | Agosto 11, 2008 04:15 PM
Conseguir una vecina el sábado por la noche es más difícil que despertar a la nena.
Bernardo | Agosto 11, 2008 11:06 PM
Corrección: un hombre divorciado NO TIENE fin de semana de soltería. Tiene fin de semana DE DIVORCIADO: eso incluye hija dormida en el sillón.
Yo hubiese pedido la pizza grande y le guardaba un par de porciones en la heladera.
Silvana | Septiembre 7, 2008 10:29 PM
Silvana ¿Por qué tanto odio?
Bernardo | Septiembre 7, 2008 11:08 PM
No es odio sino REALIDAD.
Ah, no te olvides que yo ya conozco a tu futura esposa y vos no.
Silvana | Septiembre 8, 2008 01:22 AM