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El Nata Arroyo

- Y eso que no te conté la del Nata Arroyo - me dice Caquito desde atrás de la cerveza. - No te conté ¿no?

- No, no me contaste - doy un sorbo mientras levanto los brazos para que el mozo acomode los individuales.

- ¡Uh, boludo! - liquida de un trago Caquito lo que le queda en el vaso y se reclina aún más sobre la mesa - te la cuento pero que muera aquí.

- Quedate tranquilo, Caco - me miro en el reflejo de los cubiertos. - Esto no sale de acá.

Es mediodía en el primer piso del restobar y estamos celebrando algo difuso con cerveza. Después va a laburar Magoya, pero eso no importa. Un amigo y una cerveza no se le niegan al día, por más temprano que sea en el norte del país.

- Resulta que entro a la redacción haciéndome el boludo, así, sin mirar demasiado a nadie, cosa que no se aviven que vengo a cobrar.

Caco inclina el vaso y se sirve cerveza sin espuma. Después me sirve a mí.

- Me quedo parado un rato, relojeando así como con disimulo, pero entonces pienso: "Si me ven parado sobre la línea de los cubículos, el contador me va a terminar por ver y se pira por la otra salida. Mejor me siento y espero callado".

El mozo se acerca y nos trae la baguette de ternera con morrón partida al medio pero en diagonal, como corresponde a un buen bar cheto.

- Y dicho y hecho. Me siento al lado del Nata Arroyo y le empiezo a dar charla.

El Nata Arroyo es columnista deportivo. Antes fue un precoz jugador de cierto importante club de la provincia. Un tipo fachero y con todas las eses en la conversación; un rara avis que de no haber sido futbolista igual hubiera tenido levante. El Nata es un tipo que seduce no sólo a las mujeres sino al auditorio. Es un peligro: cuando menos cuenta te das ya le prestaste cincuenta pesos.

- "Eh, Natita, qué te pasa" le digo. "Te veo como muy concentrado. ¿que venís del proctólogo?"

Caco tiene la virtud de que habla con las mismas inflexiones con que escribe. Su columna de apostillas costumbristas son un deleite: las leés y es como si las escucharas.

- Se da vuelta el Nata, che, y me clava la mirada. ¡Me clava la mirada! Parecía el bombón asesino.
- ¿El bombón asesino? - me doy vuelta yo también y lo miro. - ¿Eh?

- ¡Quería ver si estabas atento, culiao! - Me clava los ojos Caco como si fuera el bombón asesino. - Atendé que ésto que te cuento no pasa todos los días.

Le alcanzo la mitad de la baguette y liquido por igual en los dos vasos el resto de cerveza.

- Me mira el Nata, che, con los ojos vidriosos, como untados en glostora, y se me acerca y me dice despacito "No sabés, Caquito, en lo que estoy metido".

Muerde un pedazo de baguette, sigue moviendo las manos aún cuando el relato se interrumpe, traga y sigue.

- "En qué andás ahora, culiao" le digo. "¿Ya te has vuelto a meter en un kilombos de guita?". "¡No, qué guita!" me dice y se acerca más, che. "Te hablo de una mina".

Llegado a este punto pactamos una pausa tácita y le damos al unísono un saque a la cerveza. Ya veo que me voy a tener que tomar un par de cafés cargados si quiero rendir un mínimo a la tarde.

- "Uh, loco, desde cuándo son problemas las minas para vos", le digo y me río, porque el vago me había hecho asustar. "¿Sí?" me dice, "¿sabés a quién me estoy moviendo?" Ahí ya le presté atención - dice Caco en tono de generar suspenso. - "¡A quién!"

Dicho lo cual se calla, me mira fijo y vuelve a entrarle a la baguette.

-¡ A quién, roto, seguí contando! - le digo, bastante hinchado - ¿qué te creés? ¿que el sandwich viene con tanda comercial?
Se ríe Caco mientras está tomando un poco de cerveza, lo cual resulta en un estornudo para adentro que lo termina por atragantar. Con los ojos saliéndose de lágrimas me mira conspirativo.

- Me dice "A la mina de Michael Bolton".

Yo no sé si en ese momento se hace un silencio en el bar, en mi cabeza, o ya es que con poca cerveza me sube rápido el pedo.

- ¿Michael Bolton?

- Michael Bolton - asiente Caco con la cabeza.

- ¿El saxofonista ese mitad marica y mitad malo?

- Ese - asiente Caco como clavando la referencia. - Vos por lo menos lo conocés.

Pasa un rato y pasa con nosotros callados. Terminamos de comer el medio sandwich cada uno. Acabamos incluso lo que queda de cerveza. Casi en piloto automático pido una porción de Selva Negra para compartir. Adios laburo a la tarde y adios silueta.

- Vos me estás cargando, puto - le digo recorriendo el recuerdo del morrón en el paladar. - Me estás cargando bien. Y me preocupa, porque en condiciones normales no te da la imaginación.
- No, boludo, te juro -me dice Caco haciendo la seña de la cruz entre los labios - ¡Si yo le dije lo mismo! "Salí, culiao ¿Michael Bolton en Tucumán?"

- ¿Y qué mierda hace Michael Bolton en Tucumán?

- ¡Es lo que yo le dije! "¿Qué mierda hace Michael Bolton en Tucumán?"

- ¿Y qué te dijo?

- "No sé, pero tiene una mina".

- Y él se la estaba atendiendo.

- Y, eso por lo menos decía - llega el mozo con la porción de Selva Negra. - Y yo le creo.

- ¿Y estaba Michael Bolton en Tucumán y nadie lo vio, no salió en el diario, nada?

- No sé - dice Caco mientras elige por dónde cucharear la torta. - Parece que estaba rapado. De incógnito.
De a poco vamos dando cuenta de la crema, después del chocolate, y al final nos entretenemos raspando el plato.

- Bue, el asunto es que le pregunto "¿Y de qué te asustás, loco? O qué, el lampiño ese de Michael Bolton te va a pegar? ¿Que no lo podés de una piña?" Y me contesta "no, Caquito, si no es él el que me asusta".

- ¿Y quién lo asusta?

- Parece que los guardaespaldas.

- ¿Los guardaespaldas? ¿Que no estaba de incógnito y rapado?

Sí - me dice Caco limpiándose con la servilleta en la que venían envueltos los cubiertos. - los guardaespaldas tambien están rapados.

Le hago señas al mozo para que traiga la cuenta.

- Bueno, el asunto es que le pregunto "¿Y para qué quiere el pierna ese guardaespaldas si acá no lo juna nadie?" ¿Y sabés lo que me contesta el Nata?

- No, loco, nos agarra la noche - resoplo subrayando el resoplido. - ¿Qué te contesta el Nata?
- "Para cuando va a la cancha a ver a los Santos" ¡Michael Bolton va a la cancha a ver a los cirujas!

No puedo ni puede ni podemos evitar cagarnos de risa. Nos reímos como dios manda a una sobremesa de baguete y cerveza y selva negra, compartida a finales del verano.

- La verdad, culiao, me sorprendés - le digo levantando el ticket de la cuenta. - Mirá la historia que has sacado de la galera, y encima desfondada.

- ¡Pará, pará! - me dice Caco sacándome la cuenta de las manos. - ¡Pará que falta lo mejor! ¡ Si yo también me le cagué de risa! Ya no me importaba que me escuche el contador, el tesorero, que me escondan hasta los vales. ¿Sabés lo que le dije?

Ponemos veinte mangos cada uno, llamamos al mozo y le pedimos que traiga dos cafés y se los cobre del total.
- Lo miré y a los gritos le dije "¡Te das cuenta lo cirujas indignos que son los santos! ¡A los deca no necesitamos que nos vayan a ver los putos yanquis, papá! ¡Verguenza es lo que dan! ¡Si a la cancha tienen que ir todos de incógnito!"

Bajamos la escalera, salimos, agarramos calle abajo. En la parada del bondi nos damos un abrazo. Caco sube y mientras arranca alcanzo a preguntarle

- Che ¿y al final cobraste?

Me saluda desde el estribo con fastidio.

- Qué mierda voy a cobrar.

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Comentarios

Hay gurkas en todos lados.

EXCELENTE el relato!

"quedate tranquilo, esto no sale de acá..."
Claro, como para contarte un secreto a vos !!!

¿Michael Bolton se fue a vivir a otro lado y se rapó?
Parece que la secta de ElTeta se está expandiendo...

(Me encanta Momentito y esta historia es de lo mejor, gracias)

¡Gracias, Anaik!

Y bueno, Es lo que le dijo Caco al Nata: "muere acá".

Había que ser fiel al espíritu de la historia.

Si no quieres que lo sepan todos, no se lo cuentes a nadie, ja, ja. Aguante Michael!!!!!

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