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Las cinco etapas del tipo cuando no le viene el ascensor

Llegás a tu departamento a las tres de la mañana. Lo único que deseás es caerte encima del colchón y pasar de largo. Llamás al ascensor y el ascensor no viene. Dejás pasar un rato prudencial y nada. Pegás la oreja a la puerta y nada. No hay sonido, no hay movimiento, no hay viento, nada.

Hace cinco, diez minutos que estás parado ahí, pulsando el botón y el universo sigue quieto. Parece que no fuera tan tarde, pero es tardísimo. Siempre es tarde para que no venga el ascensor.

Y ahí, donde la mayoría de la gente ve un futuro de gritos desmedidos y pases de factura en el consorcio, uno, que está solo y espera al artefacto, siente que se le abre un lento y doloroso proceso hasta llegar al piso doce y de ahí a la cama.

No es invento mío. Gente preparada, profesionales de la ciencia que también han sufrido la propiedad horizontal, han sintetizado la amargura del inquilino a las tres de la mañana frente al hueco en cinco etapas:

1) Negación y aislamiento


La negación nos permite amortiguar el dolor ante una noticia inesperada e impresionante - ¡el ascensor no viene! - y ofrece una defensa provisoria que pronto será sustituida por una aceptación parcial.

"No puede ser, esto no me está pasando a mí. Hoy bajé y andaban perfecto los dos ascensores. Debe ser algún novio despidiéndose. Hay que esperar un rato y listo."

2) Ira

La negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento; surgen todos los por qué. Es una fase difícil de afrontar; la cólera se dispersa en todas direcciones, aún injustamente y sin sentido.

"LA REPUTISIMA MADRE QUE LOS PARIÓ A TODOS LOS HIJOS DE REMIL PUTAS QUE VIVEN EN ESTE EDIFICIO DEL ORTO. HAY QUE JUNTAR A TODOS LOS ESTUDIANTES DESCEREBRADOS QUE CIERRAN LA PUERTA COMO EL CULO Y A TODOS LOS SERVICES DE ASCENSORES DE LA PROVINCIA, EL UNIVERSO Y LA GALAXIA Y METERLOS EN MASA EN EL MISMO BARCO Y QUE SE VAYAN DESPACITO A LA MISMISIMA MIERDA. POR QUÉ ME PASA ESTO A MÍ, POR QUÉ POR QUÉEE. HAY QUE AGARRAR A TODOS LOS QUE VIVEN EN CASAS DE UNA PLANTA Y MUDARLOS A LAS TRES DE LA MAÑANA A UN EDIFICIO AL QUE NO LE ANDA EL ASCENSOR PARA QUE VEAN LO QUE ES BUENO Y SUFRAN LO SUYO. Y YA QUE ESTAMOS HAY QUE QUEMAR VIVO AL PERRO QUE ESTÁ VACIANDO LA BASURA DE LA PUERTA, PORQUE SÍ, PORQUE ME PIACE. NO HAY DIOS, NO HAY DIOSSS"

3) Pacto o negociación

Ante la dificultad de afrontar la difícil realidad, más el enojo con la gente y con Dios, surge la fase de intentar llegar a un acuerdo para superar la traumática vivencia.

"Bue. Espero diez minutos más y si no pasa nada empiezo a subir y a chequear piso por piso. Capaz que está mal cerrado en el tercero o en el cuarto y me ahorro a lo mejor los otros ocho. Algo es algo"

4) Depresión

Cuando no se puede seguir negando, la persona se debilita; aparecen otros síntomas y se verá invadida por una profunda tristeza. Es un estado por lo general temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad.

"Qué bajón. Si sabía esto me quedaba en casa. Y ahora voy a tener que subir los doce pisos uno encima del otro. Porque claro, a Rockefeller no se le queda el ascensor. Se me queda a mí. Y si se me queda el ascensor a mí, seguro que la puerta está abierta en el piso doce, no en el cuarto ni en el quinto. Qué pelotudo me siento, Me quiero ir ya mismo al campo y vivir debajo de una vaca"

5) Aceptación

Quien ha pasado por las etapas anteriores en las que pudo expresar sus sentimientos -su envidia por los que no sufren este dolor, la ira, la bronca y la depresión- contemplará el próximo devenir con más tranquilidad. Ojo: no hay que confundirse y creer que la aceptación es una etapa feliz: en un principio está casi desprovista de sentimientos.

"Voy por el piso nueve y no siento los pies. Por lo menos hice un poco de ejercicio y me despejé. Para qué mierda me despejé a las tres de la mañana es otro asunto, pero no me voy a hacer malasangre justo ahora, que el piso once es una luz que se acerca. Creo que con el aire llego justo. A ver las llaves ¿dónde están las llaves? Uy Dios, las llaveees"

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Comentarios

Le noto a usted cierta tendencia a dejarse las llaves dentro... ¡glups! Deberíamos promover una asociación pro defensa de las puertas sin llave.

De lo del ascensor, no sé de qué me habla... aquí no tenemos... simplemente "levitamos" ya sabe, los de Bilbao...

Las llaves, efectivamente, me las dejé en un taxi (menos mal que mi hija mayor tiene copias).

Bueno, aquí hay tres cosas principalmente:

1) ¿A quién se le ocurre ponerse a vivir en un doceavo piso?

2) Después de esto ya puedes escribir un libro de autoayuda para gente que confía demasiado... en la electricidad, en el portero, en los vecinos, etc.

3) Si vives en el piso número 12 deberías volver a casa a horas que cansen menos. No es lo mismo subir 12 pisos a las nueve de la noche que a las 3 de la mañana, digo yo... no sé, nunca lo he probado, pero me lo imagino.

La vista es preciosa.
:)

12 pisos, 12 meses, 12 uvas..no se, lo encuentro hasta romantico!

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