Ese oscuro cuaderno del deseo
Aunque aquí, en confianza, voy a decirles algo: Yo también he escrito en cuadernos.
Está bien, está bien, lo confieso. Yo he sido uno de esos que van por ahí escribiendo en cuadernos.
Y no, pese a lo que puedan decirles, no, no se atrapan muchas mujeres.
Lo más gracioso es cómo se empieza: “Bueno, muchacho, es hora de hacer algo serio”. Así que vas y te comprás un cuaderno.
Ochenta centavos que van a cambiar tu vida.
Así que te sentás en un bar, ordenás tu pedido, y abrís tu cuaderno. Dejás la primera hoja en blanco, para el título – que todavía no lo tenés – mirás a ningún punto entrecerrando los ojos... así... y... ya lo tenés.
¡La pose es lo único que tenés! Por lo demás no tenés nada, pero... sí... ya está, ya viene...
¡La primera frase!
Escribís la primera frase... y volvés a la casilla cero.
Y entonces sucede lo gracioso: Se te ocurre algo que no tiene que ver con nada, mucho menos con lo que estabas escribiendo, pero como las páginas que siguen son para tu obra, y como no tenés más papel, no te queda más remedio que dar vuelta el dichoso cuaderno y anotarlo en la hoja de atrás.
Y si a esa ocurrencia le sigue otra, continuás con el sistema de escribir desde atrás, contra todas las reglas de occidente.
¡Felicidades!
¡Por fin estás haciendo algo creativo! ¡Es lo más original que has hecho en tu vida!
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