Un poco de pedigree
¿Alguno de ustedes tuvo un perro? ¿Y tenía papeles?
Es curioso; una de las pocas aristocracias que va quedando es la del pedigree. Uno supone que la nobleza canina debería notarse a simple vista, que entre varios animales uno reconocerá al de raza por algún tipo de brillo en el pelaje, un color único de ojos o dimensiones inusuales en los dientes.
No señor. Un perro de alcurnia es un perro con papeles.
Dos dueños de perros se aprestan a cruzarlos, y es frecuente este diálogo: “¿Usted es el dueño del ovejero alemán? Porque yo tengo una hembra” “Ahá. ¿Y tiene papeles?”
¡Papeles! ¡Te acaba de decir que lo que tiene es una perra!
No. Lo importante es que tenga papeles. ¿Para qué quieren el perro? ¿Para publicarlo? ¡Es un perro, no una imprenta!
Si el rango social se mide por los papeles, yo tengo mi casa llena de papeles. ¡Los papeles me tapan y no me dejan ni entrar al Jockey!
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