"Voy a pintar la casa". Ah, sí. Dios nos libre de la tentación de decir una frase corta de ese tipo. Se dicen pronto y las lamentás por el resto de tu vida. Pintar la casa es una idea loable llena de futuro, como la idea de hacer la revolución. Suena a pura utopía, claro, pero uno no sabe en el baile que se mete. Una vez que empezaste tenés que matar al enemigo, encarcelar a los opositores, crear un régimen de partido único, y así la cosa va perdiendo encanto.
¿Cómo es posible que los videoclubes se sigan llamando así cuando ahora alquilan devedés? Nadie dice "me voy al devedéclub". La gente a lo sumo avisa: "me voy a alquilar un devedé". Y si uno les sigue preguntando, contestan "al videoclub".
- Y eso que no te conté la del Nata Arroyo - me dice Caquito desde atrás de la cerveza. - No te conté ¿no?
- No, no me contaste - doy un sorbo mientras levanto los brazos para que el mozo acomode los individuales.
- ¡Uh, boludo! - liquida de un trago Caquito lo que le queda en el vaso y se reclina aún más sobre la mesa - te la cuento pero que muera aquí.
- Quedate tranquilo, Caco - me miro en el reflejo de los cubiertos. - Esto no sale de acá.
Llegás a tu departamento a las tres de la mañana. Lo único que deseás es caerte encima del colchón y pasar de largo. Llamás al ascensor y el ascensor no viene. Dejás pasar un rato prudencial y nada. Pegás la oreja a la puerta y nada. No hay sonido, no hay movimiento, no hay viento, nada.
Hace cinco, diez minutos que estás parado ahí, pulsando el botón y el universo sigue quieto. Parece que no fuera tan tarde, pero es tardísimo. Siempre es tarde para que no venga el ascensor.
"Déjame decirte algo, Danny, y escúchame bien, porque verdaderamente creo en ello: eres el hombre más afortunado del mundo. Es que - créanme, caballeros - no hay nada más sexy en la tierra que una mujer ante la cual debes cuadrarte a la mañana.
El camino se abre ante nosotros con planicies de arena a los costados. El auto se desliza sobre una ruta suave donde la noche se va a desenrollar de un momento a otro.
- Antes de hacer ningún plan - mi tía enciende un segundo cigarrillo con la colilla del primero. - ¿Tenés amigos a los que quieras visitar?
- No.
Al medio para el cual dibujo, ha llegado un mail acusándome de machista.
[...] les escribo un email porque ya me ha ocurrido varias veces que la viñeta de Elrich me resulta ofensiva de una manera machista. Su humor parece basado en los tópicos más vulgares sobre la mujer. He buscado información y al parecer no soy la única a la que sus chistes no hacen ninguna gracia (buscando en google 'erlich machista' aparecen muchas entradas).
Caramba. ¿Seré machista? a esta altura del relato aún no sé, pero curioso soy seguro.
Como si fuera poco que se haya ido el negro Fontanarrosa, ahora, y de sobrepique, nos deja Francisco Umbral. ¿Quién es Francisco Umbral? Un escritor bendecido por el don de la palabra y la ironía de altura, la elegancia distante y la chicana con brillo propio. Poco conocido en la Argentina - algunos de sus libros están, pero no la difusión que su prosa merece - Umbral escribía una agudísima columna en Diario El Mundo, desde que me acuerdo hasta que se murió. En 1995, Francisco Umbral se presentaba a sí mismo así:
La última vez que me encontré con Carlitos Guerra me dijo:
- ¿Querés que te cuente sobre el día que Fontanarrosa le puso dibujo a un texto tuyo?
Yo pensé que me estaba cargando. Carlitos vivió muchos años en Buenos Aires, y el mestizaje te vuelve híbrido hasta el humor. Pero el tipo insistió:
- ¿Te acordás de ese Boogie que me hiciste hace una punta de años?